Destino
Destino

Meg-chan


Capitulo 1


La lluvia arreciaba por momentos. Sorata miró por la ventana y suspiró. Era en días como aquel cuando su carácter cambiaba por completo. Se volvía más serio y reservado, y lo que menos le gustaba, melancólico. Volvió la cabeza al oír el fuego chisporrotear y sus ojos se posaron en el libro delante de él, en el que debería estar concentrado. A fin de cuentas, a ello iba a dedicar el resto de su vida, a orar, meditar y leer... Suspiró y miró a su alrededor. Aquella había sido su habitación durante catorce años, había crecido entre aquellos muros, entre los monjes. Cuando se marchó no esperaba volver nunca más allí. Su destino así lo predecía. Se había despedido de todo y todos con ese pensamiento en la mente.

-El destino... - murmuró.

Las palabras de Hoshimi resonaron en su mente.

"Tú te sacrificarás por una mujer. Seguramente darás tu vida por la mujer que ames."

El joven sonrió amargamente. La vida daba muchas vueltas, y era la primera vez que las profecías del anciano habían fallado, aunque por muy poco. Había salvado la vida milagrosamente después de recibir varias heridas tratando de proteger a una momentaneamente inconsciente Arashi de los ataques de Nataku. Su corazón se había parado cuando la vio caer y que no volvía a levantarse. Al ver a su rival preparar un nuevo ataque, que sin duda acabaría con ella, no lo pensó dos veces. Corrió hacia la joven y la cubrió con su cuerpo, recibiendo de lleno el impacto. Nataku había atacado varias veces más, alcanzándole antes de que Arashi recuperase la consciencia. Recordó cómo sus hermosos ojos grises se abrieron sorprendidos al verle sobre ella, y cómo se nublaron al oír sus palabras.

-Te dije que te protegería, que daría mi vida por ti...

Había perdido el conocimiento momentos después. Lo siguiente que recordaba era la habitación completamente blanca en la que había despertado, a Kamui gritando que por fin había despertado, y los rostros de sus amigos rodeando la cama del hospital donde estaba. Yuzuriha y Kamui llevaban ropa de hospital al estar ellos también internados, pero como se encontraban casi repuestos, se turnaban con los demás para vigilarle. Tras varias semanas, por fin le habían dado el alta. Después, había vuelto a Koya para recuperar la salud y continuar con su vida, ya que todo había acabado.

"Me pregunto qué habrá sido de los demás."

No podía negarlo, los echaba de menos, desde el reservado Kamui a la sensual Karen. En su imaginación vio a Seiichiro con su familia paseando por un parque, a Yuzuriha tomando un helado con el soldado perteneciente a los Dragones de la Tierra del cual no recordaba el nombre... Kusanagi, sí eso era. ¿Y qué estarían haciendo los otros? Seguramente a Karen le estaría yendo muy bien con la tienda de lencería que había decidido abrir. Recordó su sonrisa cuando anunció que dejaba el soapland para abrir su propio negocio. Tenía bastante dinero ahorrado y pensaba pedir un préstamo al banco. Tenía que visitarla la próxima vez que fuera a Tokio, si es que volvía allí alguna vez. Subaru había vuelto a Kioto justo después de la batalla. Había dejado una carta para él deseando su pronta recuperación. Sorata sonrió. El joven onmyouji siempre había sido parco en palabras, y no habían hablado mucho durante el tiempo en que los Sellos estuvieron conviviendo, pero esperaba verle de nuevo alguna vez. Por su parte, Kamui se había quedado en la mansión Imonoyama para terminar sus estudios, por recomendación, al parecer de Subaru, al que siempre había estado muy unido. Su rostro se entristeció cuando la imagen del último Dragón del Cielo apareció en su mente. ¿Y Arashi...? Suspiró. La joven sacerdotisa había vuelto al Santuario de Ise estando él aún en el hospital. Recordó su rostro impasible, como siempre, cuando les comunicó que partía hacia su lugar de origen aquel mismo día.

"Seguramente para ella fue un alivio poder marcharse. Así se libró de mi molesta presencia."

Ya no le dolía tanto pensar en ella como al principio, pero sus sentimientos no habían cambiado. Seguía queriéndola, y sabía que aquel amor no desaparecería nunca, aunque ella no le correspondiera...

Un ruído lo sacó de sus ensoñaciones. Pisadas, alguien corriendo por el pasillo. ¿Corriendo? Se levantó de un salto y abrió la puerta. Al fondo se oía un murmullo de voces agitadas. Sorata llegó a la puerta de la sala en un segundo. A sus oídos llegaron comentarios entrecortados.

-¿Una mujer aquí?

-¿Qué debemos hacer? No teníamos ningún aviso de que iba a haber alguna visita al templo...

-Tal vez se ha perdido...

-¡¿Y la habéis dejado fuera en la lluvia?!

Todos se volvieron hacia un enfadado Sorata, que aún estaba en la puerta.

-¿Y qué íbamos a hacer?

Pero era inútil decir algo más. Sorata había desaparecido en dirección a la salida del templo. Los monjes se volvieron hacia el anciano Hoshimi, que se limitó a sonreír.

-Maestro...

-Dejadle. El destino de Sorata no está aquí con nosotros.

La vio junto al gigantesco árbol que crecía junto a la entrada. Su silueta se recortaba suavemente entre los colores oscuros que la rodeaban. Buscó la llave que abría la gran puerta del templo principal. Tanto si había ido a visitar el recinto, como si se había perdido, al menos dentro no se mojaría. Miró hacia arriba y resopló.

"Un poco de agua no mata a nadie." - pensó al ver que la lluvia seguía cayendo abundantemente.

Andó deprisa por el camino de piedra que llevaba hasta la entrada. Cuando llegaba al lugar la vio abrir el paraguas que llevaba consigo y dar unos pasos.

-Espero que no se haya mojado mucho, señorita, es que hoy no esperábamos visita y...

La mujer se detuvo y se volvió hacia él. Sorata paró en seco y su mirada escrutó el rostro de la joven incrédulamente.

-Arashi...

Capitulo 2

Arashi's sleepy, time to leave.
Want to go home?